Tierra de hombres
Tierra de hombres He querido mucho al Sáhara. He pasado noches en territorio rebelde. He despertado en esta extensión dorada en la que el viento deja la marca de sus olas, como en el mar. AllÃ, durmiendo bajo el ala de mi avión, he esperado a que vinieran a rescatarme; pero aquello no tiene punto de comparación con lo de ahora.
Caminamos por el flanco de sinuosas colinas. El suelo está formado por arena completamente cubierta por una capa de jarros brillantes y negros. Se dirÃa que son como escamas de metal; todas las cúpulas que nos rodean brillan como armaduras. Estamos encerrados en un paisaje de hierro.
Salvada la primera cresta, vislumbramos, más lejos, otra parecida, negra y brillante. Caminamos arrastrando los pies, trazando un hilo conductor para, más tarde, volver guiándonos por él.
