Tierra de hombres
Tierra de hombres Los hombres son los únicos que disponen de fuego. ¡Qué nos respondan!
Vuelvo a ver los ojos de mi mujer. Desde ahora sólo veré esos ojos. Interrogan. Vuelvo a ver los ojos de todos los que, tal vez, me aprecian. También interrogan. Toda una asamblea de miradas reprocha mi silencio… ¡Yo respondo! ¡Yo respondo! Respondo con todas mis fuerzas. ¡No soy capaz de encender en la noche una hoguera que brille más!
He hecho lo que he podido. Hemos hecho lo que hemos podido: casi sesenta kilómetros sin beber. Ahora ya no beberemos. ¿Es acaso culpa nuestra si no podemos esperar mucho tiempo más? Nos hubiera gustado ser prudentes, quedarnos allÃ, sorbiendo de nuestras cantimploras.
Pero, desde el mismo segundo en que apure el fondo del cubilete de estaño, un reloj echó a andar. Desde mismo segundo en que ingerà la última gota, empecé a seguir una inclinación. ¿Qué puedo hacer si el tiempo me arrastra como un rÃo? Prévot llora. Le doy unas palmaditas en el hombro. Para consolarlo, le digo:
—Si estamos perdidos, estamos perdidos…
Me responde:
—Si crees que lloro por mÃ…