Tierra de hombres
Tierra de hombres Tenemos que volver para vivir. Estamos prisioneros en este círculo férreo: el de la corta autonomía de nuestra sed.
¡Qué difícil es dar media vuelta cuando, tal vez, se podría seguir caminando hacia la vida! Quizá, más allá de los espejismos, el horizonte es rico en verdaderas ciudades, en canales de agua dulce y en praderas. Sé qué hago bien en dar media vuelta pero, sin embargo, tengo la impresión de estar naufragando cuando doy el golpe de timón.
Nos hemos acostado al lado del avión. Hemos recorrido más de sesenta kilómetros. Hemos agotado nuestros líquidos. Hacia el Este no hemos encontrado nada y ningún camarada ha sobrevolado el territorio. ¿Cuánto tiempo resistiremos? Tenemos ya tanta sed…
Hemos encendido una gran hoguera, con los restos de un ala pulverizada, gasolina y chapas de magnesio que producen un resplandor blanco. Hemos esperado a que la noche fuera bien cerrada para provocar nuestro incendio… Pero ¿dónde están los hombres?
La llama se eleva. Religiosamente contemplamos cómo arde nuestro fanal en el desierto, miramos cómo resplandece en la noche nuestro silencioso y deslumbrante mensaje. Pienso que si transmite una llamada que ya es patética, también transmite mucho amor. Pedimos ayuda para beber, pero también pedimos ayuda para comunicarnos. ¡Qué otra hoguera alumbre la noche!