Tierra de hombres
Tierra de hombres Después de reanudar el hilo, volvemos a ponernos en marcha. La temperatura sube y, con ella, aparecen los espejismos, aunque todavía son espejismos elementales. Grandes lagos se forman y se desvanecen conforme avanzamos. Decidimos franquear el valle y escalar la cúpula más alta para observar el horizonte. Ya hace seis horas que caminamos. Con nuestras zancadas debemos de haber recorrido unos treinta y cinco kilómetros. Hemos llegado a lo alto de una cima negra donde nos sentamos en silencio. A nuestros pies, el valle de arena desemboca en un desierto de arena sin piedras cuya deslumbrante luz blanca quema los ojos. Hasta donde alcanza la vista sólo se ve el vacío. Pero, en el horizonte, juegos de luz componen espejismos que ya son más inquietantes. Fortalezas y minaretes, masas geométricas de líneas verticales. Observo también una gran mancha negra que simula vegetación, suspendida bajo la última de estas nubes que con el día se han disuelto y que de noche renacerán; sólo es la sombra de un cúmulo.
Es inútil avanzar más, esta tentativa no conduce a ninguna parte. Tenemos que volver a nuestro avión, a la baliza roja y blanca que tal vez será descubierta por los camaradas. Aunque no abrigo ninguna esperanza, pienso que sus rastreos son nuestra única posibilidad de salvación. Además, allí hemos dejado nuestras últimas gotas de líquido y ya necesitamos beberlas con urgencia.