Tierra de hombres
Tierra de hombres Después de cinco horas de marcha, el paisaje cambia. Un rÃo de arena parece fluir por un valle y nosotros dirigimos nuestros pasos hacia el fondo de este valle. Caminamos dando grandes zancadas, necesitamos llegar lo más lejos posible y, si no hemos descubierto nada, volver antes de que se haga de noche. Me paro de golpe:
—Prévot.
—¿Qué?
—El rastro…
¿Cuánto tiempo hace que nos hemos olvidado de dejar un surco detrás de nosotros? Si no lo encontramos es la muerte.
Damos media vuelta, pero en diagonal hacia la derecha. Cuando estemos bastante lejos, giraremos perpendicularmente a nuestra primera dirección, y recuperaremos nuestras huellas, ahà donde aún las dejábamos.