Tierra de hombres
Tierra de hombres ¡Bien! Acepto dormirme, dormirme durante una noche o durante siglos. No veo la diferencia, si me duermo. Y además, ¡qué paz! Pero esos gritos que a lo lejos se proferirán, esas enormes llamas de desesperación… No puedo ni imaginármelo. ¡No puedo cruzarme de brazos frente a estos naufragios! Cada segundo de silencio está matando un poco a los que yo quiero, y en mà crece un intenso sentimiento de rabia. ¿Por qué estas cadenas que me impiden llegar a tiempo y socorrer a los que se hunden? ¿Por qué nuestro incendio no lleva este grito al otro lado del mundo? Paciencia… ¡Ya llegamos! ¡Ya llegamos…! ¡Somos los socorristas!
El magnesio se ha consumido y la hoguera ya sólo es roja. Sólo es un montón de brasas sobre el que nos inclinamos para calentarnos. Se acabó nuestro deslumbrante y gran mensaje. ¿Qué ha puesto en marcha en el mundo? ¡Ya! Sé muy bien que no ha puesto nada en marcha. Se trataba de una súplica que no ha podido ser escuchada.
Bueno, me dormiré.