Tierra de hombres
Tierra de hombres No podemos prever lo esencial. Cada uno de nosotros, en circunstancias insospechadas, ha conocido las más entrañables alegrías. Nos han dejado una nostalgia tan grande que hasta llegamos a añorar nuestras desdichas si han sido nuestras desdichas las que las han propiciado.
Al volvemos a encontrar con los camaradas, todos hemos saboreado el hechizo de los malos recuerdos.
¿Qué sabemos, salvo que existen condiciones desconocidas que nos fertilizan? ¿Dónde se aloja la verdad del hombre?
La verdad no es lo que se demuestra. Si en esa tierra, y no en otra, los naranjos echan sólidas raíces y se cargan de frutos, esta tierra es la verdad de los naranjos. Si esta religión, si esta cultura, si esta escala de valores, si esta forma de actividad, y no otras, favorecen en el nombre de la plenitud, liberan en él al gran señor cuya existencia se desconocía, es porque esta escala de valores, esta cultura, esta forma de actividad son la verdad del hombre. ¿La lógica? Que se las arregle para rendir cuentas de la vida.