Tierra de hombres
Tierra de hombres Me acuerdo ahora, en esta última página de mi libro, de aquellos burócratas avejentados que fueron nuestro cortejo, al alba de mi primer correo, cuando, al tener la suerte de ser designados, nos estábamos preparando para la muda, para transformarnos en hombres. Eran como nosotros, pero no sabÃan que tenÃan hambre. Hay demasiados a los que se les deja durmiendo.
Hace algunos años, durante un largo viaje en ferrocarril, quise visitar aquella patria errante en la que me habÃa encerrado durante tres dÃas, en la que durante tres dÃas me encontraba prisionero de un rumor de guijarros arrastrados por el mar, asà que me puse en pie. Hacia la una de la madrugada crucé todo el tren. Los coches cama estaban vacÃos. Los coches de primera clase estaban vacÃos.
