Tierra de hombres
Tierra de hombres ¡Qué pobre es el decorado en el que se representa el juego de odios, de amistades, de humanas alegrÃas! ¿De dónde sacan los hombres ese anhelo de eternidad, inseguros como están, en una lava todavÃa tibia y con la amenaza de las arenas, con la amenaza de las nieves? Sus civilizaciones sólo son frágiles adornos: un volcán, un nuevo mar, un soplo de arena las borran.
Esta ciudad parece fundada en verdadero suelo, rico y profundo como una tierra de Beauce, pero olvidamos que la vida, aquà y en todas partes, es un lujo, y que en ningún lugar hay una tierra lo bastante profunda para sustentar a los hombres. Conozco, a diez kilómetros de Punta Arenas, un estanque que demuestra lo que acabo de decir. Cercado por árboles raquÃticos y casas bajas, humilde como la charca del corral de una granja, experimenta, de forma inexplicable, el movimiento de las mareas. Entre tantas realidades apacibles, las cañas, los niños jugando, la charca se rige por otras leyes y, noche y dÃa, prosigue con su acompasada respiración. La energÃa de la luna opera bajo la superficie uniforme, bajo el hielo inmóvil, bajo la barca destrozada.