Tierra de hombres
Tierra de hombres ¡Qué grande es el espacio que, entre ellos, se reserva la parte espiritual! El sueño de una joven la aísla de mí. ¿Cómo participar en él para poder encontrarla? ¿Cómo adivinar lo que ocurre en el interior de esa muchacha que vuelve a casa, con la vista baja y sonriendo sola, colmada por fin de fantasías y de mentiras adorables? Con los pensamientos, con la voz, con el silencio de un amante, ha logrado formarse un Reino y, desde ahora, fuera de él, sólo hay salvajes. Me doy cuenta de que, más que en otro planeta, ella está encerrada en su secreto, con sus hábitos, con los ecos musicales de la memoria. Nacida ayer, de los volcanes, de la hierba o de la salmuera del mar, ya es medio diosa.
¡Punta Arenas! Me apoyo en una fuente. Algunas viejas se acercan a por agua; sólo puedo adivinar su drama en sus andares de sirvienta. Un niño llora con la cabeza contra la pared; de él sólo permanecerá en mi recuerdo la imagen de un hermoso niño al que nunca podré consolar.
Soy un extraño. No se nada. No pertenezco a su Imperio.
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