Tierra de hombres
Tierra de hombres Días de asueto tan dulces como esos nos estaban prohibidos cuando sin descanso, pasábamos semanas, meses, años, prisioneros de las arenas, navegando como pilotos de línea en el Sáhara de un fortín a otro. El desierto no ofrecía ningún oasis parecido al anterior: ¡jardines y muchachas!
¡Qué sueño! Claro que, muy lejos, mil chicas nos esperaban allí, donde una vez terminado el trabajo, podríamos regresar para volver a vivir; allí, entre libros o mangostas, con paciencia, ellas estaban modelando sus almas deliciosas, se embellecían…
Yo conozco la soledad. Tres años de desierto me han enseñado como sabe. Allí no da miedo dejarse la juventud en una tierra mineral. Lo que parece envejecer, lejos de uno, es el resto del mundo. Los árboles ya han dado sus frutos, las tierras se han cubierto de trigo, las mujeres ya son hermosas. La estación avanza, habría que darse prisa en volver… La estación avanza, pero uno se encuentra retenido muy lejos… Y los bienes de la tierra resbalan entre los dedos como la fina arena de las dunas.
