Vuelo nocturno

Vuelo nocturno

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Rivière levantó la cabeza y le miró. Rivière despertaba de una meditación tan profunda, tan lejana, que tal vez no se había dado cuenta aún de la presencia de Robineau. Y nadie supo jamás lo que meditó, ni lo que experimentó, ni qué luto se había hecho en su corazón. Rivière contempló a Robineau, largamente, como el testigo vivo de alguna cosa. Robineau se sintió incómodo. Cuanto más contemplaba Rivière a Robineau, más se dibujaba sobre los labios de aquél una incomprensible ironía. Cuanto más contemplaba Rivière a Robineau, más enrojecía éste. Y más parecía a Rivière que Robineau había venido a testimoniar, con una buena voluntad conmovedora y desgraciadamente espontánea, la estupidez de los hombres.

Robineau se azoró por completo. Ni el sargento, ni el general, ni las balas existían. Sucedía algo inexplicable. Rivière seguía mirándole. Entonces Robineau, a pesar suyo, rectificó ligeramente su actitud, sacó la mano del bolsillo izquierdo. Rivière seguía mirándole. Finalmente, Robineau, con infinito embarazo, sin saber por qué, balbució:

—He venido a recibir órdenes.

Rivière sacó su reloj, y dijo, simplemente:

—Son las dos. El correo de Asunción aterrizará a las dos y diez. Que el correo de Europa despegue a las dos y cuarto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker