Vuelo nocturno
Vuelo nocturno La mujer de Fabien telefoneó.
La noche de cada regreso, calculaba la marcha del correo de Patagonia: «Despega en Trelew…». Luego se dormÃa de nuevo. Algo más tarde: «Debe de acercarse a San Antonio. Debe de ver sus luces…». Entonces se levantaba, apartaba las cortinas, y consideraba el cielo: «Todas esas nubes le molestan…». A veces, la luna se paseaba como un pastor. Entonces, la joven mujer se sentaba de nuevo, tranquilizada por aquella luna y aquellas estrellas, aquellos millares de presencias alrededor de su marido. Hacia la una, lo sentÃa próximo. «No debe de andar ya muy lejos. Debe ver Buenos Aires…». Entonces se levantaba y le preparaba su cena y café muy caliente: «Hace tanto frÃo, allá arriba…». Lo recibÃa siempre, como si descendiese de una cumbre nevada: «¿Tienes frÃo?» «No». «Es igual; caliéntate…». Hacia la una y cuarto, todo estaba dispuesto. Entonces telefoneaba.
Ésta, como las otras noches, se informó:
—¿Ha aterrizado Fabien?
El secretario que la escuchaba, se turbó un poco:
—¿Quién habla?
—Simone Fabien.
—¡Un momento…!
El secretario, no atreviéndose a decir nada, pasó el auricular al jefe de la oficina.
—¿Quién está ah�
