Vuelo nocturno
Vuelo nocturno Remontó, soslayando mejor los remolinos, gracias a los hitos que ofrecÃan las estrellas. Su pálido imán le seducÃa. Se habÃa afanado tan largo tiempo en la búsqueda de una luz, que no habrÃa abandonado la más confusa. Feliz por el fulgor de un albergue, habrÃa revoloteado hasta la muerte alrededor de esta señal, de la que estaba hambriento. Por eso ascendÃa hacia los campos de luz.
Se elevaba poco a poco en espiral, por el interior del pozo que se habÃa abierto y que se cerraba de nuevo a sus pies. A medida que ascendÃa, las nubes perdÃan su cenagosa oscuridad, pasaban contra él como olas cada vez más puras y blancas. Fabien emergió.
Su sorpresa fue extraordinaria: la claridad era tal que le cegaba. Por algunos segundos tuvo que entornar los ojos. Jamás hubiera creÃdo que las nubes, que la noche, pudiesen cegar. Pero la luna llena y todas las constelaciones las convertÃan en olas resplandecientes.
