Vuelo nocturno
Vuelo nocturno Rivière medita. No conserva ya ninguna esperanza: esa tripulación naufragará en algún lugar, esta noche.
Rivière se acuerda de una visión que habÃa impresionado su infancia: se vaciaba un estanque para encontrar un cuerpo. No se encontrará nada tampoco, antes de que esta masa de oscuridad haya desalojado la superficie de la tierra, antes de que asciendan al dÃa esas playas, esas llanuras, esos trigales. Sencillos labradores descubrirán tal vez a dos muchachos con el codo plegado sobre la faz, durmiendo, al parecer, varados sobre la hierba y el oro de un fondo apacible. Pero la noche les habrá ahogado.
Rivière piensa en los tesoros sepultados en las profundidades de la noche cual en mares fabulosos… Esos manzanos nocturnos que esperan el dÃa con todas sus flores, flores que no sirven aún. La noche es rica, colmada de perfumes, de corderos adormecidos, y de flores que no tienen todavÃa color.
Poco a poco ascenderán hacia el dÃa los gruesos surcos, los bosques mojados, la alfalfa fresca. Pero, en medio de las colinas, ahora inofensivas, de las praderas y de los corderos, en la sabidurÃa del mundo, dos muchachos parecÃan dormir. Y alguna cosa habrá pasado del mundo visible al otro.
