Fuenteovejuna
Fuenteovejuna pues que no hay hombre ninguno,
porque no demos con él.
MENGO: ¡Que este demonio cruel
nos sea tan importuno!
LAURENCIA: No nos deja a sol ni a sombra.
MENGO: ¡Oh! Rayo del cielo baje
que sus locuras ataje.
LAURENCIA: Sangrienta fiera le nombra;
arsénico y pestilencia
del lugar.
MENGO: Hanme contado
que Frondoso, aquí en el prado,
para librarte, Laurencia,
le puso al pecho una jara[66].
LAURENCIA: Los hombres aborrecía,
Mengo; mas desde aquel día
los miro con otra cara.
¡Gran valor tuvo Frondoso!
Pienso que le ha de costar
la vida.
MENGO: Que del lugar
se vaya, será forzoso.
LAURENCIA: Aunque ya le quiero bien,
eso mismo le aconsejo;
mas recibe mi consejo
con ira, rabia y desdén;
y jura el comendador