Fuenteovejuna
Fuenteovejuna MENGO: Yo tengo ya mis azotes,
que aún se ven los cardenales
sin que un hombre vaya a Roma.
Prueben otros a enojarle.
JUAN ROJO: hablemos todos.
MENGO: Señores,
aquí todo el mundo calle.
Como ruedas de salmón
me puso los atabales[78].
Fin del acto segundo