Novelas a Marcia Leonarda
Novelas a Marcia Leonarda –¡Oh traidora Laura! –decía–, ¿es posible que en tanta hermosura y perfección cupo tan deshonesto vicio, que tus compuestas palabras y honesto rostro cubrían un alma de tan infame correspondencia? ¿Tú, Laura, traidora al cielo, a tus padres, a mí y a tus obligaciones? Mas ¿qué lo dudo, habiendo visto con mis ojos y tocado con mis manos el fiero cómplice de tu delito? ¿Cómo puedo yo dudar que aun este sagrado no dejó tu mala fortuna a mi confianza, ni la fiera condición de mi desdicha a las obligaciones de la honra con que nací? Yo lo he visto, Laura; no puedo dudar lo que vi, ni hay por dónde pueda mi amor escapar mi agravio, aunque con las injurias ajenas le reboce el rostro. ¡Triste de mí!, que más haré en solicitar tu muerte que tú en perder la vida, porque la he de quitar a lo que más estimo, en tanto grado que padezco más en sola esta imaginación que tú en el dolor, con ser de todos el último.