Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas

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Durante todo este tiempo no habían sabido nada de los nativos, ni las partidas de caza habían topado con ninguno, lo que hizo sospechar a Misson que temían tenerlo por vecino, y que habían trasladado su poblado. Pero cuando los hombres de Johanna iban a marcharse, llegaron unos 50 negros conduciendo unas 100 cabezas de ganado, 20 negros atados y 25 mujeres, ganado y prisioneros que querían cambiar por ron, hachas, bayeta y abalorios; algunos bocoyes de esta última mercancía los habían apresado en la costa de Angola. Así proveyeron de esposas a los negros de Misson. Éste agasajó a los nativos y a los esclavos les dio a entender que eran libres; e inmediatamente fueron vestidos y puestos bajo el cuidado de otros tantos blancos, quienes, mediante toda clase de muestras y gestos posibles, les hicieron comprender que eran enemigos de la esclavitud. Los nativos permanecieron con ellos diez días, lo que retrasó la marcha de los hombres de Johanna; pero cuando se fueron zarpó el Bijoux con cien johannianos a bordo, bajo el mando del primer oficial de Caraccioli, quien se excusó de haberlos tenido un mes más de lo prometido, y no haberlos devuelto inmediatamente, dado que sólo tenían dos barcos, y el portugués, desaparejado, no era sino un armatoste. Los diez hombres de la compañía de Misson que se habían establecido en Johanna, deseosos de volver, fueron traídos a Libertalia con sus esposas (de las que cada uno tenía dos o tres) y sus hijos en el Bijoux, que en dos viajes más transportó al resto de los johannianos. Misson carenó el Bijoux, y a continuación resolvió que se efectuase un crucero frente a la costa de Guinea para reforzar la colonia con la captura de algún barco de esclavos, para lo cual dio el mando del Bijoux al capitán Tew, mientras él y Caraccioli se ocupaban de acelerar la obra del muelle. También le dio 200 hombres: 40 portugueses, 37 negros (17 de ellos expertos marineros), 30 ingleses, y el resto franceses. Tew no topó con nada durante el viaje, hasta que llegó a la parte norte del Cabo de Buena Esperanza, en que se encontró con una galera holandesa de las Indias Orientales, de 18 cañones, que apresó tras breve resistencia, con la pérdida de un hombre tan sólo; en la costa de Angola apresó un buque inglés con 240 esclavos, hombres, mujeres y niños. Los negros que habían sido apresados antes en esta costa encontraron entre ellos gran número de conocidos suyos, y varios parientes, a los que contaron su feliz e inesperado cambio de fortuna cuando el gran capitán (pues así llamaban a Misson) les cortó las cadenas, y de esclavos los hizo hombres libres, y partícipes de su fortuna; que la misma fortuna les había llegado a ellos al caer en sus manos, porque odiaba incluso la misma palabra esclavitud. Tew, siguiendo las órdenes, y conocedor de la política de Misson, mandó que les quitasen los grillos, después que los marineros negros le aseguraran que no se sublevarían, y entonces comprendieron la dicha de haber caído en sus manos. Contento con estas presas, emprendió el regreso a Libertalia, adonde llegó sin percance. Pero he olvidado contar al lector que a sus prisioneros holandeses (menos nueve, que quisieron pasar a sus órdenes), los dejó en tierra, a unas treinta millas del Cabo, en la bahía de Saldanha, donde el capitán Misson había dado sepultura al comandante inglés. A bordo de su presa holandesa encontró Tew gran cantidad de coronas inglesas que fueron transferidas al tesoro común, ya que ninguna utilidad tenía el dinero donde todo era de todos, y ninguna barrera limitaba la propiedad particular de nadie. Los esclavos que liberó en este último crucero fueron utilizados para terminar el muelle, y tratados como gente libre. No ignoraban su cambio de situación, así que se mostraban sumamente diligentes y puntuales. Cada cuatro de ellos trabajaban con un blanco o un negro veterano que les hacía comprender las palabras francesas (mediante frecuentes repeticiones, y con ayuda de interpretaciones de sus compatriotas) utilizadas en sus trabajos. Misson mandó construir, en una ensenada, dos balandras de 80 toneladas, que armó con 8 cañones cada una, tomados de la presa holandesa. En poco tiempo quedaron terminadas, y demostraron no sólo ser naves bien proporcionadas, sino excelentemente marineras. Los oficiales de estas balandras fueron elegidos por votación; y como su primer propósito era sólo descubrir y levantar una carta de la costa con los bancos, bajíos y sondas alrededor de la isla de Madagascar, se envió por esta razón al maestro de navegación al mando de una de ellas; y Tew pidió y obtuvo el de la otra. Cada balandra fue tripulada con 50 blancos y 50 negros. Este viaje alrededor de la isla fue de enorme provecho, ya que dio a los negros de Angola recién liberados idea de cómo trabajaba una nave; y se mostraron muy aplicados tanto en aprender la lengua francesa como en ser útiles. Las balandras, una llamada Childhood y la otra Liberty, tardaron casi cuatro meses en esta expedición. Entre tanto, unos cuantos nativos habían visitado a menudo la colonia y empezaban a hablar un francés algo chapucero, mezclado con las otras lenguas europeas que oían a la gente de Misson, y a seis familias nativas establecidas entre ellos, que eran inmensamente útiles a los plantadores de esta nueva colonia, ya que facilitaban muy provechosa información a sus compatriotas sobre la buena convivencia y armonía que observaba en ella. De vuelta las balandras y levantada una carta exacta de la costa, Caraccioli quiso hacer un crucero. Pensaba visitar todas las islas vecinas, así que salió hacia Mascareñas y otras islas cercanas, llevando la mitad de la tripulación negra, y regresó con una presa holandesa capturada frente a las citadas islas, donde habían estado a punto de establecer una colonia. Esta presa, que llevaba toda clase de mercancías europeas, y cosas necesarias para la colonia, resultó más valiosa que si hubiese estado cargada de riqueza. Al comprobar Misson que los negros eran cada vez más eficientes, y animado por el éxito de Tew, decidió efectuar un crucero hacia el norte con todos los negros, a los que distribuyó en dos barcos; uno de ellos, mandado por el capitán Tew, salió con un total de 500 hombres: frente a la costa de Arabia Fælix toparon con un barco perteneciente al Gran Mogol, con destino a Sidón, cargado de peregrinos que iban a La Meca, y que sumados a los marineros moros hacían un total de 1.600 almas. Este barco montaba ciento diez cañones, aunque presentó muy mala defensa por el estorbo de la mercancía y la cantidad de pasajeros que llevaba. Los dos aventureros pensaron que no les convenía cañonearlo, así que lo abordaron tan pronto como le arrimaron el costado; y los moros, no bien los vieron entrar, les soltaron una descarga con armas de mano, seguramente al azar, puesto que no hubo ninguna baja, y huyeron de las cubiertas. Y una vez dueños de este barco, cosa que no les costó un solo hombre, deliberaron sobre qué podían hacer con él y con los prisioneros, y decidieron desembarcarlos entre Ain y Aden. Pero como necesitaban mujeres, pensaron retener a las que no estaban casadas, y llevar el barco a Libertalia, dado que los cañones podían ser de utilidad para ellos, y en cambio si lo soltaban o lo hundían quizá perdieran un considerable botín que los moros podían llevar escondido en los baos o el lastre.


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