Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas
Historia general de los robos y asesinatos de los mas famosos piratas Tres días más tarde avistaron los 4 barcos, que al principio tomaron por arboladuras de Bab el Mandeb; por la noche se acercaron a ellos, y fueron en su compañía hasta el amanecer, con trompetas sonando sin parar en ambos bandos, ya que los piratas llevaban dos a bordo, lo mismo que los ingleses. Cuando clareó, los cuatro barcos adoptaron una formación en línea, porque habían saludado al pirata, y éste no había tenido empacho en responder «de los mares», como es costumbre entre ellos. El bergantín siguió cerca hasta que sacó los botalones. Al darse cuenta uno de los barcos, avisó al capitán Jago, que iba delantero en un barco de 24 cañones y 70 hombres, para que le diera caza, porque el pirata emprendía la huida; pero un oficial que conocía la manera de actuar de los piratas respondió que sería un error, y añadió que habían tenido días de calor, pero se temía que éste iba a ser achicharrante. Volvió el bergantín, y acercándose por popa, trincó el costado del Rising Eagle, de 16 cañones, que iba zaguero; aunque subieron a su bordo, el Rising Eagle se defendió con ardor 3 cuartos de hora, durante los que murió el primer oficial del capitán Chamberlain y varios más; y el sobrecargo, herido, saltó por la borda y se ahogó; entre tanto los demás barcos pidieron al capitán Jago que abordase al pirata; al arribar para pegarle el costado, el pirata le mandó un cañonazo que lo barrió de proa a popa, y decidió al capitán Jago a ponerse fuera de peligro; se alejó con todas las velas que pudo poner, aunque iba armado para proteger la costa de los piratas. Los demás siguieron su ejemplo, tomando cada uno un rumbo diferente; y de esta manera se adueñaron del Rising Eagle. No puedo por menos de consignar que el segundo oficial del Rising Eagle, después que se pidiera cuartel, hizo fuego desde el castillo de proa y mató dos piratas, uno de los cuales era compañero del artillero, quien quiso vengar su muerte matando al oficial; pero varios irlandeses y escoceses, junto con un tal capitán White que había sido jefe de piratas en otro tiempo y ahora era un particular, se interpusieron y lo salvaron, atendiendo a que era irlandés. Interrogaron a los prisioneros para averiguar qué barco era el que regresaba de Judda, porque llevaba dinero a bordo; y al saber que era el Essex, le dieron caza, se situaron a su través, izaron la bandera sangrienta en lo alto del palo mayor, dispararon un cañonazo, y se rindió, a pesar de que el Essex estaba preparado para un abordaje, el bergantín no tenía más de 20 hombres, y la presa se hallaba tan a popa que apenas asomaba el mastelero de la raya del agua; en la caza de este barco adelantaron a los otros dos, que tenían en la mano las drizas de sus enseñas, prestos a arriarlas. Una vez rendido el barco, preguntó su capitán quién mandaba el bergantín; le contestaron que el capitán Halsey; a continuación preguntó quién era el cabo de brigadas, y le dijeron que Nathaniel North, y llamó a éste porque lo conocía bastante. Al saber North que era Punt, dijo: «Capitán Thomas Punt, siento mucho que haya caído en nuestras manos.» Lo trataron civilizadamente y no tocaron nada suyo ni de los caballeros ingleses que iban de pasajeros, aunque echaron mano a 40.000 libras en dinero que pertenecían al barco. Del Rising Eagle obtuvieron unas 10.000 libras en dinero. Soltaron el Essex, y con la otra presa y el bergantín pusieron rumbo a Madagascar, adonde llegaron, y se repartieron el botín. Algunos pasajeros que habían sido bien tratados llegaron después en un barco pequeño de la India (con licencia del gobernador de Madrás), llamado el Greyhound, cargado con artículos de primera necesidad con la esperanza de cambiarlos con los piratas por la mercería que habían cogido, y resarcirse de un modo fácil: fueron recibidos con toda amabilidad, se les pidió recibo de sus mercancías, se acordaron los trueques de artículos, y pagaron en dinero y balas de género. Entre tanto entró un barco de Escocia llamado el Neptune, 26 cañones, 54 hombres, capitán James Miller al mando, con el propósito de cargar esclavos y dirigirse después a Batavia para venderlos (llevaba a bordo un sobrecargo educado entre los holandeses), y de ahí a Malaca, para recoger el cargamento de un barco llamado el Speedwell, perdido cuando regresaba de China. Pero al encontrar aquí otro barco comerciando con los piratas, y como tenía muchos artículos de primera necesidad, coñac francés, vino de Madeira y cerveza inglesa, el capitán Miller juzgó preferible cambiarlos por dinero que por esclavos. Los mercaderes del Greyhound, irritados al ver que todos obtenían dinero menos ellos, porque los piratas nunca regateaban un precio, les dijeron que el mejor servicio que podían rendirle al gobernador de Madrás era apresar el Neptune, que además era un barco muy apropiado para su negocio; a lo que algunos escoceses e irlandeses respondieron que no iban a hacer nada de eso, porque en caso de que a la compañía se le ocurriera algo así, lo más seguro era que apresase los dos barcos. Poco después sobrevino un huracán que obligó al Neptune a cortar todos sus mástiles, y hundió los tres barcos de los piratas que constituían la flota entera de éstos. Al quedarse ahora sin barcos, y sin dinero por haberlo perdido en el juego, pensaron en el Neptune. Samuel Burgess, primer oficial de este barco, que tenía inquina al capitán, se unió secretamente a los piratas (entre los que murió), y bajó a tierra los palos pequeños y las vergas; y al pedírseles a los piratas que buscasen troncos adecuados para hacer mástiles, regresaron diciendo al capitán Miller que habían encontrado algunos que podían servir, y le pidieron hombres para bajarlos a la playa; así lo hizo el capitán (que no recelaba ningún peligro), con lo que fueron capturados él y sus hombres, y el bote retenido en tierra. Seguidamente obligaron al capitán a llamar al segundo oficial, y después al artillero. El oficial, que era hermano del capitán, fue; pero el artillero sospechó algo y se negó a bajar. Al atardecer subió Burgess a bordo y aconsejó la rendición del barco; pero, aunque eran sólo dieciséis los que quedaban a bordo, sintieron escrúpulos y propusieron ir a buscar los mástiles y vergas bajo la cobertura de sus propios cañones, y con ellos hacerse a la mar. Pero el primer oficial Burgess, cuya traición ignoraban aún, los convenció de que renunciasen a un barco que no podían defender ni navegar en él; lo que causó no poca satisfacción a los mercaderes del Greyhound, que estaban muy lejos de sospechar que no tardarían en recibir el mismo trato: y efectivamente, dos días después los piratas tripularon la lancha del Neptune, se apoderaron del Greyhound, se llevaron todo el dinero que habían pagado, trasladaron del Neptune al Greyhound diez bocoyes de vino de Madeira y dos toneles de coñac, embarcaron en él al capitán, al segundo oficial, al contramaestre y al artillero del Neptune, con unos 14 de sus marineros, y les ordenaron zarpar. Al resto de la tripulación del Neptune, como eran jóvenes, y más aptos para sus fines, los retuvieron; aunque muchos de ellos sufrieron trastornos y murieron a causa del exceso de alcohol. En cuanto al capitán Halsey, contrajo unas fiebres mientras aparejaban el barco escocés y murió a consecuencia de ellas. Lo enterraron con gran solemnidad y ceremonia; leyeron sobre sus restos las oraciones de la Iglesia de Inglaterra, con una bandera tremolando; depositaron su espada y su pistola en el ataúd, y lo cubrieron con el pabellón del barco; se dispararon tantos cañonazos espaciados como años tenía, o sea 46, más tres descargas inglesas y una francesa con armas de mano. Fue una persona valiente, cortés con todos los prisioneros, querido mientras vivió y al morir llorado por sus hombres. Cavaron su sepultura en un huerto de sandías, que cercaron con estacas para impedir que la escarbaran los puercos salvajes, que son abundantes en esas regiones.