Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

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Habían tomado tres prisioneros, como ya he explicado, y por tratarse de tres hombres sanos y robustos los habían convertido en sirvientes y les habían enseñado a trabajar para ellos. Como esclavos les funcionaron bastante bien, pero no habían tenido la precaución de empezar como hice yo con mi Viernes: es decir, empezar por el principio de que les habían salvado la vida y luego instruirlos en los principios racionales de la vida, y mucho menos de la religión, para civilizarlos y reducirlos por medio del buen trato y los razonamientos afectuosos. Al contrario, igual que les daban cada día la comida les daban también su trabajo y los mantenían ocupados con tareas penosas, mas en eso se equivocaban, pues nunca consiguieron que pelearan por ellos y les ayudaran como había hecho conmigo mi Viernes, que me era tan fiel como la carne de mis huesos.

Mas lleguemos a la parte de la familia: ahora que eran todos buenos amigos (pues el peligro común, como he dicho antes, había servido para reconciliarlos), empezaron a reconsiderar su situación en general. Lo primero que se plantearon fue si, viendo que los salvajes visitaban en particular aquella parte de la isla, y que había otras zonas más remotas y retiradas, igualmente adaptadas a su forma de vida y manifiestamente ventajosas, no sería mejor trasladar su residencia y, por el bien de su seguridad, y sobre todo la de su ganado y sus cultivos, ubicarla en otro sitio más adecuado.


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