Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe No llevaban mucho rato allí cuando aparecieron dos salvajes corriendo directamente hacia ellos, como si supieran que estaban allí y llegasen para atacarles; un poquito más allá vieron llegar a otros tres, y aún cinco más que los seguían, todos en la misma dirección. Por detrás vieron a siete u ocho que, a lo lejos, corrían hacia otro lado. Y es que, en pocas palabras, corrían en todas direcciones, como cazadores levantando presas.
Los pobres estaba ahora sumidos en una gran perplejidad, dudando de si debían quedarse y mantener la posición, o huir. Sin embargo, tras un muy breve intercambio decidieron que si los salvajes recorrían el territorio así antes de que llegara la ayuda, tal vez acabaran encontrando su escondite del bosque y entonces lo perderían todo. Así que decidieron encararse a ellos allí; y si eran demasiados para enfrentarse a ellos, treparían hasta la copa del árbol, desde donde no dudaban que podrían defenderse, siempre que no hubiera fuego, mientras les durase la munición, incluso si les atacaban todos los salvajes que habían desembarcado, que eran casi cincuenta.