Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe El gobernador español, a quien he descrito tan a menudo, los dirigía; William Atkins, un tipo de gran valor y atrevimiento pese a ser temible por su perversidad, comandaba bajo su autoridad. Los salvajes llegaron como leones y lo peor del destino de nuestros hombres era que no se hallaban en situación ventajosa. Sólo el tal Will Atkins, que ahora resultaba ser de lo más útil, estaba plantado con seis hombres justo detrás de un pequeño matorral, como avanzadilla, con órdenes de dejar pasar a los primeros y luego disparar al centro del grupo para, después, en cuanto hubieran disparado, retirarse tan ágilmente como pudieran, dar un rodeo por el bosque y llegar por detrás de donde estaban los españoles, que tenían delante un buen grupo de árboles.