Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Llegaron los salvajes corriendo desarreglados, amontonándose por todas partes sin ninguna clase de orden, y Will Atkins dejó pasar a unos cincuenta; luego, al ver que el resto llegaba en una muchedumbre apretujada, mandó disparar a tres hombres que habían cargado los mosquetes con seis o siete balas cada uno, postas grandes como balas de pistola. No supieron a cuántos habían matado o herido, mas fueron inexpresables la consternación y la sorpresa entre los salvajes, que quedaron asustados en grado mayor al oír un ruido tan terrible y ver que algunos hombres morían y otros caían heridos, sin saber quién lo había hecho. Aún no se habían repuesto del susto cuando William Atkins y sus otros tres hombres dispararon entre lo más denso del grupo y, menos de un minuto después, los tres primeros habían vuelto a cargar y pudieron disparar la tercera andanada.