Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Si William Atkins y sus hombres se hubiesen retirado de inmediato después de disparar, tal como se les había ordenado, o si los demás hubiesen estado con ellos para seguir disparando sin parar, los salvajes habrían quedado efectivamente aniquilados; el terror que los paralizaba procedía sobre todo de eso, de creer que los mataban los dioses con truenos y rayos, sin poder ver quién los hería; sin embargo, al levantarse para cargar de nuevo, William Atkins desveló la trampa. Algunos salvajes que estaban lejos los vieron y les atacaron por detrás; aunque Atkins y sus hombres también les dispararon dos o tres veces y mataron a más de veinte antes de retirarse tan rápido como pudieron, ellos consiguieron herir al propio Atkins y matar con sus flechas a uno de sus compatriotas ingleses, igual que hicieron más adelante con un español y uno de los esclavos indios que habían llegado con las mujeres. Aquel esclavo era un tipo muy gallardo y luchó desesperadamente, matando a cinco hombres con sus manos, pues no tenía más armas que una de las picas y una hachuela.