Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Debatieron mucho al respecto y algunos se manifestaron en contra por temor a que los desgraciados huyeran al bosque y se quedaran a vivir allí como desesperados; en ese caso tendrían que cazarlos como si fueran fieras salvajes, vivir con temor a acercarse a ellos y ver sus plantaciones continuamente saqueadas, todas las cabras domésticas destruidas y, en pocas palabras, verse reducidos a una vida de angustia continua.
Will Atkins les dijo que sería mejor enfrentarse a cien hombres que a cien naciones; que debían destruir los botes y, del mismo modo, destruir también a los hombres, so pena de ser ellos mismos los destruidos. En pocas palabras, les mostró la necesidad de hacerlo con tal claridad que todos estuvieron de acuerdo. Así que pusieron manos a la obra de inmediato con las canoas y, tras reunir algo de leña seca de un árbol muerto, intentaron incendiar algunas; sin embargo, estaban tan mojadas que apenas ardían. De todos modos, el fuego sí quemó la parte superior en tal medida que las dejó inhabilitadas para flotar en el mar. Cuando los indios vieron lo que estaban haciendo, algunos salieron del bosque corriendo y, acercándose tanto como pudieron a nuestros hombres, se postraron de rodillas y exclamaron: