Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Me dijeron que cuando cayeron los rescató el resto de la compañía, que se quedó a pelear a su lado hasta que recuperaron el sentido todos menos aquel al que daban por muerto; luego se abrieron paso con alabardas y palos, todos juntos y en fila, entre un grupo de más de mil salvajes, tumbando a golpes a todos los que se interponían en su camino hasta conseguir la victoria sobre sus enemigos; mas con gran dolor, pues habían perdido a su amigo; los otros, al descubrir que estaba vivo, se lo habían llevado con algunos más, como ya he contado en mi relato anterior.
Describieron con el máximo afecto la alegría con que les había sorprendido el regreso su amigo y compañero de desgracias, a quien creían devorado por bestias de la peor calaña: o sea, por hombres salvajes. Y sin embargo, más los había sorprendido aún el relato de lo que aquel había encontrado en su periplo y el hecho de que hubiera un cristiano en un lugar cercano, y encima uno que estaba capacitado y tenía la humanidad suficiente para contribuir a su salvación.