Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Contestó, con abundante candor y caridad cristiana, del siguiente modo: «Señor, yo soy católico, de la Iglesia romana, y sacerdote de la orden de San Benedicto, y abrazo los principios de la fe romana. Sin embargo, si queréis creerme, y no lo digo como un cumplido, ni por respeto a mis circunstancias y vuestra cortesía; digo, en cualquier caso, que no dejo de mirar a quienes se consideran reformistas con cierta caridad; no me atrevo a decir, aun a sabiendas de que es nuestra opinión general, que no podáis salvaros; de ningún modo pienso limitar la piedad de Cristo hasta el extremo de pensar que no puede recibiros en el regazo de su Iglesia de algún modo imperceptible que nosotros no podamos reconocer. Y espero que vos tengáis la misma caridad para con nosotros. Rezo a diario para que regreséis a la Iglesia de Cristo gracias a cualquier método que Él, que todo lo sabe, tenga a bien escoger. Mientras tanto, estoy seguro de que concederéis que es coherente que, como romano, distinga entre un protestante y un pagano; entre quien reconoce a Jesucristo, así sea de un modo que a mí no me parece acorde con la verdadera fe; y un salvaje, un bárbaro, que no conoce a Dios ni a Cristo ni al redentor en absoluto; y si no estáis bajo la protección de la Iglesia católica, esperamos que os encontréis más cerca de reingresar en ella que aquellos que ni siquiera conocen la existencia de Dios o de su Iglesia. Me regocijo, en consecuencia, cuando veo a este hombre, que como vos mismo decís ha sido un disoluto y casi un asesino, arrodillarse para rezar a Jesucristo, como suponemos que acaba de hacer, aun si no ha sido iluminado del todo: creo que Dios, de quien proceden todas estas obras, tocará con sensatez su corazón y lo acercará al mayor conocimiento de la verdad cuando corresponda; y si Dios influye para que este pobre hombre convierta e instruya a su mujer, una salvaje ignorante, no puedo creer que él mismo vaya a ser abandonado; ¿acaso no tengo razones para el regocijo cuanto más se acerquen al conocimiento de Cristo, aun si no llegan a entrar del todo en el regazo de la Iglesia católica en el momento en que yo lo desearía y queda en manos de la bondad de Dios el perfeccionamiento de su obra en el momento adecuado y a su manera? Por supuesto, me alegraría que todos los salvajes de América pasaran, como esta pobre mujer, a rezarle a Dios, aun si todos hubieran de convertirse en protestantes al principio, mejor que si continuaran siendo paganos y ateos; creo firmemente que Aquel que les ha arrojado las primeras luces, les mandará más adelante un rayo de su gracia celestial y los llevará hasta el umbral de su Iglesia cuando le parezca oportuno».