Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Al parecer, luego tuvieron una serie de conversaciones demasiado largas para reflejarlas aquí; en particular, su esposa le hizo prometer que, ya que había confesado que su vida había sido una perversa y abominable provocación contra Dios, la iba a reformar para no enfadar nunca más a Dios, pues de lo contrario Él podría hacerle muerte, tal como ella lo decía, y entonces se quedaría sola y no podría aprender a conocer mejor a aquel Dios; y él sería desgraciado, pues así le había contado que se sentían los hombres malos después de la muerte.
Fue un relato extraño y muy emocionante para nosotros dos, mas en particular para el joven clérigo; efectivamente, se llevó una asombrosa sorpresa, mas quedó muy afligido porque no podía hablar con ella; no podía hablar inglés para que ella lo entendiera; y como el poco que hablaba era muy imperfecto, tampoco podía entenderla a ella. De todas formas, se volvió hacia mí y me dijo que creía que con aquella mujer se podía hacer algo más que casarla. Al principio no lo entendí, pero luego se explicó con más detalle: había que bautizarla.