Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe En consecuencia, él reunió hombres y dejó montado el balandro en muy pocos días, pues todas las piezas estaban ya recortadas; entonces di a quien lo iba a capitanear las instrucciones idóneas para que encontrase el lugar; no tuvo pérdida, según supe más adelante por el relato de mi socio. Pronto embarqué el pequeño cargamento que les había llevado y uno de nuestros marinos que había desembarcado conmigo se ofreció a bajar con el balandro e instalarse allí, tras una carta mía al gobernador español para que le concediera tierras en cantidad suficiente para iniciar una plantación y le diera algo de ropa y utensilios para plantar, actividad que dijo conocer porque había sido granjero en Maryland y, por si eso fuera poco, también bucanero.
Para animar a aquel hombre, le concedí cuanto deseaba: y encima le di el salvaje que habíamos tomado como prisionero de guerra para que fuera su esclavo, al tiempo que ordenaba al gobernador español que le diera su parte de todo cuanto quisiera, igual que a los demás.