Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Nuestro marinero quedó muy complacido con aquel nuevo socio. Sus recursos iniciales, a decir verdad, eran muy parecidos: ricos en utensilios y preparativos para una granja; mas nada para empezar, salvo lo que ya se ha contado más arriba. De todos modos, llevaban consigo unas cañas de azúcar y algo de material para plantarlas: él (me refiero al portugués) sabía mucho de eso.
Entre el resto de las provisiones que yo enviaba a mis habitantes de la isla, con aquel balandro les llegaban tres vacas lecheras y cinco terneras, unos veintidós cerdos, entre los que iban tres hembras preñadas, dos yeguas y un caballo semental.
Para mis españoles, en cumplimiento de mi promesa, comprometí a tres portuguesas para el viaje y les recomendé que se casaran con ellas y las tratasen bien. Podía haberles conseguido más mujeres, pero recordé que el pobre hombre perseguido tenía dos hijas y sólo había cinco españoles sin pareja: los demás tenían sus propias esposas, aunque fuera en otro país.