Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe En cuanto al pobre tipo, Thomas Jeffrys, como estaba bien muerto, porque le habían cortado de tal modo el cuello que le caía de lado la cabeza, de nada servía llevárnoslo de allí, así que lo dejaron donde lo habían encontrado aunque lo bajaron de aquel árbol, de donde lo habían colgado por una mano.
Por muy justa que nuestros hombres considerasen aquella acción, yo me manifesté en contra y desde entonces siempre les dije que Dios condenaría nuestro viaje, pues consideraba que en aquel derramamiento de sangre había algo de asesinato; pues si bien es cierto que los otros habían matado a Thomas Jeffrys, no deja de serlo también que este había sido el primer agresor: había roto la tregua y había violado o pervertido a una joven del enemigo que había acudido a nuestro campamento con toda la inocencia y convencida de nuestra capitulación.