Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Sin embargo, mi compañero de viaje y yo tenÃamos ideas distintas: no lo menciono para insistir en la mÃa, pues reconozco que la suya era más justa y apropiada a los propósitos de la vida de un comerciante que, cuando se embarca en una aventura, hará bien en aferrarse a aquello que más probabilidades tiene de brindarle dinero. Mi nuevo amigo se mantuvo fiel a la naturaleza del asunto y hubiera estado feliz yendo, como el caballo del cartero, cada vez a la misma posada, ida y vuelta, siempre que pudiera obtener beneficio en ella; en cambio, mi idea, tan vieja como yo, era la locura de un muchacho vagabundo al que nunca le interesó ver dos veces la misma cosa.