Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe En aquel viaje el viento en contra nos obligó a pasar mucho tiempo dando bordos a un lado y otro por el estrecho de Malasia y entre las islas; nada más atravesar esos mares peligrosos, descubrimos que teníamos una vía de agua, mas por mucho que nos esforzáramos parecíamos incapaces de averiguar de dónde procedía. Eso nos obligó a buscar abrigo en algún puerto; como mi socio conocía la zona mejor que yo, mandó al capitán que entrase en el río de Camboya; como no quería cargar con el gobierno del barco en mis espaldas, yo había nombrado capitán al oficial inglés, un tal señor Thompson. Ese río queda en el lado norte de una gran bahía, o golfo, que llega hasta Siam.
Mientras estábamos allí bajábamos a menudo a tierra en busca de provisiones; un día se me acercó un inglés que, al parecer, era artillero de un barco de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales que navegaba por el mismo río hasta la ciudad de Camboya o sus aledaños. No sabemos qué lo llevaba hasta allí, mas se acercó y se dirigió a mí en inglés: «Señor —me dijo—, sois un extraño para mí, y yo para vos, mas tengo que deciros algo que os será de mucha importancia».