Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe «Mas —le dije— decÃs que el pirata ha abandonado estos mares. Entonces, ¿cómo van a dar con él?». «Bueno —respondió—, es cierto que dicen eso; mas ya os digo que estuvo en la bahÃa de Siam, en el rÃo de Camboya, y lo descubrieron unos holandeses que habÃan navegado en él y que habÃan sido abandonados en la costa cuando huyeron los forajidos; unos mercantes ingleses y holandeses que habÃa en el rÃo estuvieron a punto de apresarlo. Bueno, si los botes que iban delante hubieran contado con un buen apoyo de los que los seguÃan, los hubieran apresado con toda seguridad. Mas al ver que sólo los alcanzaban dos botes, viraron para dispararles y los inutilizaron antes de que llegaran los otros; luego salieron a mar abierto y los demás no pudieron seguirlos, por eso se libraron. Mas tienen una descripción tan exacta del barco que lo reconocerÃan sin duda alguna; y dondequiera que lo encuentren han jurado no dar cuartel al capitán ni a sus marinos y colgarlos del penol de la verga».
«¿Qué? —exclamé—. ¿Los van a ejecutar con razón o sin ella? ¿Los cuelgan primero para juzgarlos después?». «Ah, señor —respondió—, no hace falta perder el tiempo en asuntos formales con esa clase de villanos; que los aten de dos en dos, unidos por la espalda, y los lancen al mar; no es más que lo que en justicia merecen».