Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Le dije que seguirÃa su consejo cuando llegara a cualquier puerto en el que pudiera encontrar un barco de vuelta, o un cliente que me comprase el mÃo. Respondió que en NanquÃn encontrarÃa bastantes clientes para el barco y que un junco chino podrÃa bastarme para el regreso; y que él me presentarÃa gente tanto para vender uno como para comprar el otro.
«Bien, señor —respond×, mas si es cierto que conocen tan bien el barco como decÃs, siguiendo vuestras indicaciones yo podrÃa convertirme en transmisor de un problema terrible para algún hombre inocente y honesto que tal vez acabara asesinado a sangre frÃa; pues, allá donde encuentren el barco y lo reconozcan, considerarán culpables a sus tripulantes; asÃ, es probable que unos hombres inocentes sean superados y asesinados». «Bueno —respondió el anciano—, ya encontraré el modo de evitarlo, pues conozco muy bien a todos esos comandantes de quienes habláis y a su paso los iré viendo. Me aseguraré de aclararles el asunto y hacerles saber cuánto se equivocaron; que la primera tripulación, si bien era cierto que habÃa huido con el barco, no se habÃa dedicado a la piraterÃa; y, en particular, que aquellos no eran los mismos hombres que se habÃan quedado el barco, sino otros que lo habÃan comprado inocentemente para comerciar con él. Y estoy convencido de que me creerán, al menos, lo suficiente para actuar con más precaución en el futuro».