Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Por mi parte, me libraba también un peso de mi corazón que ya no era capaz de soportar. Como he dicho antes, decidimos no volver a hacernos a la mar con aquel barco. Cuando llegamos a la costa, el viejo piloto, que ahora era nuestro amigo, nos consiguió alojamiento y un almacén para nuestros artículos. Por cierto, ambos lugares se parecían mucho: una pequeña casa, o choza, adjunta a otra más grande, todo construido con cañas y rodeado por una empalizada del mismo material para protegerlo de los rateros, pues al parecer no eran pocos en esas tierras. De todos modos, los magistrados nos concedieron a todos una pequeña guardia y teníamos con nosotros a un soldado con una especie de alabarda, o media pica, que montaba guardia ante nuestra puerta y a quien dábamos cada día una libra de arroz y una pequeña moneda, de un valor en torno a los tres peniques, para que nuestras propiedades estuvieran a salvo.

Aunque hacía ya tiempo que se había celebrado allí una feria, o mercado, resultó que quedaban tres o cuatro juncos en el río, más dos barcos de Japón que habían comprado artículos chinos y aún no se habían ido porque los comerciantes japoneses seguían en tierra.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker