Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe En consecuencia, dije al capitán francés que era cierto que los habíamos recogido en plena desgracia; mas también lo era que lo habíamos hecho en cumplimiento de nuestro deber, pues éramos criaturas como ellos, y como tales habríamos deseado también la salvación en caso de encontrarnos en una situación como la suya, o en cualquier otro caso extremado; que no habíamos hecho por ellos sino lo que creíamos que ellos habrían hecho por nosotros si nos hubiéramos encontrado en su situación y ellos en la nuestra; que los habíamos subido a bordo para servirlos, no para saquearlos; que sería bárbaro en extremo quedarnos lo poco que hubieran podido salvar del fuego para luego llevarlos a la orilla y abandonarlos; que eso equivalía a salvarlos de la muerte para luego matarlos nosotros mismos; salvarlos de hundirse y matarlos de hambre. En cuanto a la posibilidad de desembarcarlos, le dije que para nosotros se trataba ciertamente de algo difícil en extremo, pues el barco se dirigía a las Indias Orientales; y aunque nos habíamos desviado un largo trecho hacia el oeste, acaso dirigidos a propósito por los cielos para procurar su salvación, se nos hacía imposible cambiar a voluntad nuestro viaje por aquel suceso particular; ni podía tampoco mi sobrino, el capitán, responder ante los armadores, para quienes trabajaba en condición de flete con el fin de seguir viaje hacia Brasil; hasta donde yo sabía, lo único que podíamos hacer con ellos era navegar de modo que nos encontrásemos con otros barcos que regresaran de las Indias Orientales y conseguirles pasaje, si era posible, hacia Inglaterra o Francia.