Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En cuanto al mandarín en cuyo séquito viajábamos, era respetado como un rey: siempre rodeado por sus caballeros y atendido con tal pompa en sus apariciones que apenas podíamos verlo más que a la distancia. Sin embargo, observé que todos los caballos que llevaba en su comitiva eran peores que las bestias de carga de Inglaterra; iban tan cubiertos de equipaje, mantos, jaeces y bagatelas por el estilo que no se podía ver si eran gordos o flacos. En pocas palabras, apenas se veía más que las pezuñas y la cabeza.

Yo estaba animado y, como todos los problemas y desconciertos que ya he relatado habían terminado, no tenía pensamientos de ansiedad. Eso hacía que el viaje me resultara aún más placentero; tampoco había tenido ningún accidente, salvo al pasar o vadear un pequeño río, donde mi caballo cayó y me mandó a volar, como se dice; o sea, me tiró al agua. No era un río profundo, pero me dejó empapado. Lo menciono porque se me estropeó el cuaderno en el que había apuntado los nombres de diversas personas y lugares que había tenido ocasión de recordar y que, al no haberlo cuidado bien, quedó con las hojas podridas y ya no se pudieron leer las palabras, para gran pérdida por mi parte, como los nombres de algunos lugares por los que había pasado durante el viaje.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker