Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Tras llegar a ese acuerdo lo llamamos para contarle lo que habíamos decidido. Le expliqué que él se había quejado de que pretendiéramos dejarlo solo para el viaje de vuelta y que le iba a contar nuestra decisión de que no volviese de ningún modo; como habíamos decidido regresar a Europa con la caravana, queríamos que viajara con nosotros y lo habíamos llamado para conocer su opinión. Él meneó la cabeza y dijo que era un viaje muy largo y no tenía pecunio para llegar hasta allí, ni para subsistir una vez alcanzado el destino. Le dijimos que lo creíamos y que, por esa misma razón, habíamos decidido hacer algo por él, para que viera hasta qué punto éramos conscientes del servicio que nos había prestado, así como de lo agradable que nos resultaba su compañía; entonces le conté el dinero que íbamos a darle, del cual podía disponer como nosotros del nuestro, y en cuanto al pasaje, si viajaba con nosotros lo dejaríamos a salvo en su destino (salvo pérdida de la vida o accidente), ya fuera en Moscú o en Inglaterra, con todos los gastos a cuenta nuestra, salvo los necesarios para transportar sus propiedades.