Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Bueno, emprender cualquiera de esos dos trayectos en invierno hubiera sido absurdo; por el lado de Gdansk habría encontrado el Báltico congelado, sin posibilidad de cruzarlo; y desplazarse por tierra en esos países era mucho menos seguro que entre los tártaros mogoles; lo mismo por Arcángel, pues todos los barcos se habrían ido en octubre y hasta los comerciantes que viven allí en verano se retiran hacia Moscú por el sur cuando se van los barcos; así que no iba a encontrar más que fríos extremos y provisiones escasas y me vería obligado a permanecer en una ciudad vacía todo el invierno; así que, en resumen, me pareció que me convenía mucho más despedirme de la caravana y juntar provisiones para el invierno allí donde estaba, a saber: en Tobolsk, Siberia, en una latitud de sesenta grados, donde estaba seguro de disponer de las tres cosas que permiten superar un invierno frío: muchas provisiones, tantas como podía proveer el territorio; una casa caliente con suficiente combustible y una compañía excelente. De todo ello aportaré un relato completo en su momento.