Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

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Estaba en un clima muy distinto del de mi querida isla, donde no había sentido frío, salvo durante mi ataque de fiebre. Al contrario, me había costado un esfuerzo llevar la ropa pegada a la espalda y sólo había encendido fuegos al aire libre y por necesidad de cocinar. Ahora me hice tres buenos trajes con casacas o abrigos por encima, largos hasta los pies y con botones en las muñecas para cerrar las mangas, todo ello forrado con pieles para que dieran buen abrigo.

En cuanto a la casa, he de confesar que me disgusta mucho la costumbre inglesa de encender fuegos en todas las habitaciones de las casas, en chimeneas abiertas que, cuando se apaga el fuego, mantienen la frialdad del aire en la habitación. Sin embargo, cuando tomé un piso en un buen edificio de la ciudad mandé construir una chimenea parecida a un horno en el centro de seis habitaciones distintas, para que hiciera las funciones de estufa. El tubo por el que desaparecía el humo iba en una dirección, la puerta que daba a la estufa estaba en otra y todas las habitaciones se mantuvieron igual de calientes sin ver fuego. Así es como calientan los baños en Inglaterra.




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