Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Por esos medios siempre teníamos el mismo clima en todas las habitaciones y conservábamos un calor parecido; por mucho frío que hiciera sin aquel sistema, con él siempre estábamos igual. Y si embargo no veíamos ningún fuego ni nos incomodaba. Lo más maravilloso de todo era que fuese posible encontrar buena compañía en una tierra tan bárbara que se parece a la de más al norte de Europa, junto al mar de hielo y a muy pocos grados de Nueva Zembla. Mas ya he observado que ese es el territorio al que destierran a los criminales de Moscú; aquella ciudad estaba llena de nobles, príncipes, caballeros, coroneles y, en resumen, todos los grados de la nobleza, la alta burguesía, los militares y los cortesanos de Moscú. Allí estaba el famoso príncipe Galifken, o Galoffken, y su hijo: el viejo general Robostisky, y varias otras personas de nota, además de algunas mujeres.
Gracias a mi comerciante escocés, de quien, por otra parte, me despedí allí, entré en contacto con diversos de esos caballeros, algunos de primer rango; en las largas noches de invierno que allí pasé, recibí la visita de algunos.