Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

Nuevas aventuras de Robinson Crusoe

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Tras entretenerlo un rato con esos enigmas sobre el gobierno, abrí la caja y le conté la historia de mi larga residencia en la isla y de cómo me había manejado, tanto yo mismo como quienes estaban bajo mi poder, tal como he detallado en mi relato. La historia les impresionó sobremanera, sobre todo al príncipe, quien con un suspiro me dijo que toda la grandeza de la vida consistía en ser dueños de nosotros mismos; que no él no hubiera cambiado una vida como la mía por la del zar de Moscú, que encontraba más felicidad en el retiro al que parecía desterrado allí que en la alta autoridad de que había gozado en la corte del zar, su señor; que la cima de la sabiduría humana estaba en someter el temperamento a las circunstancias y en conseguir una calma interior frente al peso de la mayor tormenta exterior. Al llegar allí al principio, dijo, solía arrancarse los pelos de la cabeza y rasgarse las vestiduras, como otros antes que él; sin embargo, algo de tiempo y consideración le habían enseñado a mirar hacia su interior, y en su entorno, antes que a las cosas de fuera; consideraba que la mente humana, si apenas una vez reflexionaba sobre el estado de la vida universal y sobre lo poco que este mundo se ocupaba de la verdadera felicidad, era perfectamente capaz de generar una felicidad propia, plenamente satisfactoria y adaptada a los mejores fines y deseos, con muy poca ayuda del mundo; que el aire para respirar, los alimentos para mantener la vida, la ropa para abrigarse y la libertad para el ejercicio que garantiza la salud, completaban, en su opinión, todo lo que el mundo podía darnos, y aunque la grandeza, la autoridad, la riqueza y los placeres que algunos disfrutaban en el mundo, y de los que él había gozado su porción, tenían muchas cosas que nos resultan agradables, él observaba que todas esas cosas gratificaban principalmente nuestros afectos más burdos, como la ambición, el orgullo, la avaricia, la vanidad y la sensualidad; todas ellas, desde luego, mero producto de la peor parte del ser humano y faltas en sí mismas por contener las semillas de toda clase de delitos; ninguna guardaba relación con cualquiera de las virtudes que nos convierten en hombres sabios, o de las gracias que nos distinguen como cristianos. Ahora, privado de la felicidad imaginaria que había disfrutado en el pleno ejercicio de todos esos vicios, dijo, tenía tiempo para mirar ese lado oscuro, en el que encontraba toda clase de deformidades, y estaba convencido de que sólo la virtud hace a un hombre verdaderamente sabio, rico y grande y lo protege en su camino a una felicidad superior en un reino futuro; en eso, dijo, eran más felices en su destierro que todos sus enemigos con posesión plena de toda la riqueza y el poder que ellos (los desterrados) habían dejado atrás.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker