Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe La visión de la desgracia de aquella gente me conmovió y me hizo recordar el terrible respeto que había sentido en mi primera llegada a la orilla de mi isla, donde no tenía ni un bocado de comida, ni esperanza alguna de conseguirla; además del constante temor a convertirme en comida de otras criaturas. Sin embargo, mientras el oficial me iba contando la desgraciada situación en que se encontraba la tripulación del barco, yo no podía apartar de mi pensamiento la historia que me había explicado de las tres pobres criaturas del camarote principal: es decir, la madre, el hijo y la criada, de quienes nada había oído durante dos o tres días. Parecía confesar que se habían olvidado por completo de ellos ante la gravedad de sus propias penurias; así, entendí que no les habían dado absolutamente nada de comer y que, en consecuencia, habrían perecido y estarían todos muertos, tal vez, en el suelo, en la cubierta del camarote.