Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Le advertí que comiera con precaución, pero enseguida le puse la carne delante y no llevaba ni tres bocados cuando empezó a enfermar y a marearse; así que se detuvo un momento y nuestro médico le mezcló algo con un poco de caldo y le dijo que haría las veces de medicamento y comida al mismo tiempo; después de tomárselo, mejoró. Mientras tanto, yo no me olvidé de los otros hombres: ordené que se les dieran víveres y las pobres criaturas, más que comérselos, los devoraron. Era tan excesiva su hambre que se comportaban con voracidad y no eran capaces de controlarse; dos de ellos comieron con tanta avidez que a la mañana siguiente sus vidas corrieron peligro.