Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Al principio, en cuanto empezó a oscurecer, encendimos una fogata en nuestro pequeño campamento y la mantuvimos encendida y la preparamos para que ardiera toda la noche y los tártaros concluyeran que seguíamos allí; sin embargo, en cuanto se hizo oscuro del todo, es decir, en cuanto pudimos ver las estrellas (pues nuestro guía se negaba a moverse hasta entonces), con todos los caballos y camellos cargados de antemano, seguimos a nuestro nuevo guía; pronto comprobé que se guiaba por la estrella del norte, o polar, pues durante un trecho todo el camino era llano.