Nuevas aventuras de Robinson Crusoe
Nuevas aventuras de Robinson Crusoe Zarpamos de Arcángel el 20 de agosto del mismo año y, tras un viaje sin ningún suceso extraordinario, llegamos al Elba el 13 de septiembre. Allí mi socio y yo logramos una excelente venta de nuestras mercancías, tanto las procedentes de China como las martas y otras de Siberia; tras dividir el beneficio de nuestras propiedades, mi parte subía a 3. 475 libras, 17 chelines y 3 peniques, pese a las pérdidas que habíamos sufrido y los costes soportados; conviene no olvidar que eso incluía los diamantes que, por valor de unas seiscientas libras, había comprado en Bengala.
Allí se despidió de nosotros el joven caballero y se fue Elba arriba para llegar a la corte de Viena, donde había decidido pedir protección y donde podría entrar en contacto con los amigos de su padre que siguieran vivos. No se marchó sin dar todas las muestras posibles de gratitud por el servicio que le había prestado, ni manifestarse consciente de mi amabilidad hacia el príncipe, su padre.
Para concluir: después de quedarme cuatro meses en Hamburgo, llegué por tierra a La Haya, donde embarqué en el paquebote y llegué a Londres el 10 de enero de 1705, tras diez años y nueve meses fuera de Inglaterra.