Robinson Crusoe

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Podéis imaginar cómo habré cuidado aquellas espigas, que recogí a su debido tiempo, es decir a fines de junio. Me resolví a sembrar todo el grano, confiando que con el tiempo tendría bastante para hacer pan, pero recién al cuarto año pude permitirme separar algo de la cosecha para alimentarme, y esto con mucha prudencia, como relataré luego, pues perdí casi todo lo que sembrara la primera vez, no habiendo calculado bien la época adecuada; lo hice antes de la estación de sequía, por lo cual se malogró todo o casi todo, como contaré en su debido tiempo.

Además de la cebada habían crecido allí veinte o treinta tallos de arroz que cuidé con la misma atención, pensando que de su grano podría hacer pan u otro alimento, y descubrí el modo de cocerlo sin necesidad de horno, aunque más adelante lo tuve. Pero volvamos a mi diario.

Trabajé hasta la extenuación durante esos tres o cuatro meses para terminar la empalizada, y el 14 de abril quedó cerrada, y podía entrar y salir de ella por una escalera que no dejaba huellas exteriores de que allí hubiera una habitación humana.

16 de abril.— Terminé la escalera con la cual trepaba a la empalizada, retirándola luego y dejándola del lado de adentro. Esto me aislaba totalmente y nadie podía llegar hasta mí a menos que escalara la pared.


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