Robinson Crusoe

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22 de abril.— A la mañana siguiente me dispuse a poner en práctica mis decisiones, pero el gran problema lo constituían las herramientas. Tenía tres grandes hachas, abundancia de hachuelas (que habíamos llevado en cantidad para el intercambio con los negros), pero de tanto cortar madera dura estaban llenas de muescas y sin filo. Tenía una piedra de afilar, pero no era posible hacerla dar vueltas al mismo tiempo que aplicaba las hojas; este problema me ocupó tanto tiempo como a un hombre de estado resolver una difícil situación política o a un juez la vida o muerte de un hombre. Por fin armé la rueda con un cable que la pusiera en movimiento con el impulso del pie, dejándome ambas manos libres.

NOTA: Jamás había visto mecanismo igual en Inglaterra, o por lo menos no había observado su funcionamiento, aunque más tarde vine a saber que allí era muy común. Aparte de eso, el gran tamaño y peso de la piedra dificultaba mi tarea, de modo que perfeccionar la máquina me llevó una semana de trabajo.

28 y 29 de abril.— Pasé estos días afilando mis herramientas y tuve la alegría de que la máquina funcionara muy bien.

Afilando mis herramientas.


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